sábado 22 de enero de 2011

Nada es gratis (ni vencedores ni vencidos)

España camisa blanca

A propósito de las diferentes perspectivas sobre la economía europea que en estos días han circulado tanto por la BEA como en los grandes medios se han visto posiciones encontradas: optimistas a ultranza, moderados y pesimistas acérrimos. Considerando que uno de los principales artículos proviene precisamente de un premio Nobel (Paul Krugman en el New York Times) supongo que estas líneas solo pueden considerarse como un deshilachado aporte a la confusión general. A confesión de parte…

Desde la conformación del bloque del Euro algunos países (Italia, Irlanda, Grecia, España, Portugal…) presentaron un déficit de Cuenta Corriente, en muchos de estos casos creciente. Luego de la crisis internacional, estos países se enfrentaron a una caída del precio de los inmuebles lo que, sumado a la contracción en el comercio mundial, afectó fuertemente la capacidad de pago de un conjunto amplio de agentes incluyendo al sector público (sobre esa situación y otras similares en la historia hacíamos referencia por aquí). En este contexto, la imposibilidad de acceder al financiamiento requería una corrección de los resultados de Cuenta Corriente. Corregir este desequilibrio exigía a su vez de un cambio en los precios relativos. En tal caso ¿Por qué no devaluar?

Allá lejos y hace tiempo la economía Argentina presentaba, luego de la implementación del régimen de convertibilidad, sucesivos déficits de cuenta corriente. Cuenta la anécdota (apócrifa seguramente) que un denostado aunque recordado Ministro de Economía frente las tribulaciones de su interlocutor sobre este punto retrucó "Esto no es un déficit de cuenta corriente, es un superávit de la cuenta capital".

Mas allá de la elegancia retórica del ex ministro, lo cierto es que por definición todo déficit de cuenta corriente tiene como contrapartida un financiamiento por parte de otros países, es decir, un superávit de cuenta capital. Trivial. Cuando se recuerdan los beneficios de la integración financiera de los países europeos suele hacerse hincapié en la disminución de tasas que significó para los socios de menor desarrollo la moneda única. Pero, en principio, el resto de los integrantes de la zona del euro, particularmente Alemania pero también los Países Bajos, Suiza o Suecia, pudieron acceder a un vasto mercado donde canalizar su exceso de ahorro. En última instancia, la estrategia de desarrollo "export led" permitía a estos países crecer a través del comercio con sus socios, mientras las entidades financieras exportaban los capitales excedentes del ahorro interno. En buen romance, mientras que por encima del mostrador los países mas desarrollados de Europa ofrecían bienes al resto de los socios gracias al mercado único, la nueva integración financiera les permitió extender sin culpas la cuenta del almacenero (y con bajos costos de transacción!). La autentica cadena de la felicidad: mientras unos crecían a través del consumo (incluyendo el financiamiento de la construcción) los otros lo hacían por el sector externo. La crisis rompió el idilio.

Devaluar en este contexto no altera el equilibrio de fuerzas y por lo tanto sería inocuo y es que, mal que pese, el problema de Europa es interno a Europa. El futuro dependerá de la posibilidad de que este conjunto de países defina un nuevo esquema de desarrollo conjunto sin vencedores ni vencidos. Esto es importante, porque el peso del ajuste debería recaer no solo en las economías que incrementaron su endeudamiento durante estos años, sino también en aquellas que lo financiaron (aceptando que parte de ese crédito sirvió estuvo mal asignado).

En este contexto, los países de menor desarrollo intentan una devaluación interna a través de la deflación. Como correctamente menciona Krugman, esto necesariamente debe ser acompañado por una reestructuración (¿con quita?) en la deuda pública y privada, ya que una disminución de precios junto a una deuda inflexible podría llevar a un colapso de la cadena de pagos. La posición de los países desarrollados en este contexto es llamativa: exigir el pago de las deudas requiere una reversión del equilibrio, por lo menos, del balance comercial, lo que iría en contra de su propia política de desarrollo. Estas contradicciones no parecen tener una resolución sencilla dentro del Euro.

Optimistas y pesimistas no parecen alcanzar argumentos convincentes. Los optimistas deberían ser capaces de mostrar algún ejemplo histórico de una deflación exitosa o, como mínimo, establecer las características que distinguen esta de otras deflaciones. El argumento sobre la imposibilidad del colapso del Euro fundamentado en los costos de salida y en la inevitabilidad histórica de la "Europa unida" (ese mosaico de idiomas y costumbres que poco tiene en común) parecen insuficientes. Como buen sudamericano (o mejor dicho, argentino), supongo que estoy mas cerca del pesimismo, o por lo menos preparado para lo peor. Pero la posibilidad de definir la sucesión de eventos venideros de los que predicen el apocalipsis parece mas próxima a la futurología que a la economía.


3 comentarios:

Pota dijo...

Nota más que interesante. No había seguido el o los debates en la BEA, pero si estoy de acuerdo en que la salida de esa crisis, que no es más que la explosión de flor de desequilibrio interno la tienen que resolver ricos y pobres de Europa. ¿Unificación de políticas fiscales? Sería la mejor solución de fondo, pero la menos probable, sobre todo con una Alemania que no reconoce que es en parte responsable del problema.
Salú!

Tincho dijo...

Recuerdo haber leido algun post de ELY (escrito con Blejer tal vez), en donde se mostraban varias dimensiones del problema y esta era una. También hablaban de un ajuste de los países miembros con respecto al resto del mundo.

Yendo al punto, apuesto por el wait and see; las definiciones (reestructuracion o default + chau euro) se van a hacer en las ultimas y parece que para eso falta (o sea, no me juego, de bien cagon, jeje). Y si me preguntas por cual me inclino, creo que la primera (al menos es la que mas me gustaria...)

el orejano dijo...

Gracias por los comentarios.
Pota, me parece que la unificación de las políticas fiscales no va a resolver el problema de precios relativos, que es lo que está detrás del problema. Es cierto que para hacer frente a una deflación los paises miembros no tienen buenas perspectivas si no encuentran forma de liberar la política fiscal de los limites de financiamiento.
Tincho, respecto de la nota de ELY y Blejer (creo que es esta del VOXEU ) hay una sola diferencia: ellos dicen que la salida del Euro precisaría una reestructuración de la deuda. En cambio yo creo que mantener el Euro precisa una reestructuración de la deuda (cuanto antes mejor!).
Y sigo con mi pregunta ¿en que fundamentan sus ilusiones los optimistas?
Abrazo

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